Martín D’Alessandro: «La democracia sufre con Milei como sufrió con Cristina»
En un contexto de datos financieros favorables y mejoras en las expectativas inflacionarias, el Gobierno de Javier Milei atraviesa un momento político que, según el politólogo Martín D’Alessandro, lo encuentra en una «trampa». El presidente de Poder Ciudadano sostiene que Milei, a quien define como un líder populista, está experimentando una fractura en su base de apoyo, un quiebre que, aunque previsible, se hizo evidente con el reciente «caso Adorni».
D’Alessandro explica que el populismo, más allá de contenidos macroeconómicos, es una forma política que define la relación del Poder Ejecutivo con el Legislativo, el Judicial y la prensa, así como su vínculo con el público. «El populismo es de izquierda y de derecha. Es una forma de interpretar el poder», afirma. Para el analista, Milei encaja en esta definición al construir un relato de un «pueblo puro» que combate a una «élite corrupta», aunque los actores de cada lado hayan cambiado respecto a los populismos de principios del siglo XXI.
La «trampa» de Milei y el futuro político
La «trampa» que enfrenta el presidente, según D’Alessandro, tiene implicancias directas en la estrategia política. Si bien antes del «caso Adorni» la reelección de Milei en 2027 parecía asegurada, ahora el escenario es incierto. «El experimento actual de Milei presidente podría acabarse el año que viene», sentencia el politólogo, aunque reconoce la novedad y creatividad constante del Gobierno.
A pesar de la incertidumbre sobre su continuidad, D’Alessandro destaca que Milei ha logrado cuestionar «consensos o vacas sagradas» de la organización social y política argentina, generando cambios que considera «probablemente irreversibles». Entre ellos, menciona una mayor concientización sobre el equilibrio de las cuentas públicas y las condiciones de contratación en el mercado laboral. Sin embargo, critica que «ni el management político ni la gestión de este gobierno parecen estar a la altura del desafío de esta transición en lo económico».
Sobre la idea de que la economía se impondrá a la política, una postura defendida por el ministro Luis Caputo, D’Alessandro es cauteloso. Si bien reconoce que la perspectiva económica es un factor crucial en la decisión de voto, advierte que la desaceleración de la inflación es lo que, por ahora, genera rédito político. No obstante, sugiere que el Gobierno debería diversificar su capital político positivo, ya que «concentra demasiado las expectativas en la desaceleración de la inflación y salvo el último mes, hubo ocho meses de suba de la inflación, que sigue siendo alta».
Democracia bajo estrés y proyectos de ley
D’Alessandro analiza el comportamiento institucional de Milei, al que califica de jugar «al límite y a veces afuera». Cita ejemplos como la designación por decreto de jueces o el caso de la Ley de Financiamiento Universitario. A pesar de esto, no considera que Milei rompa la democracia, ya que «no busca transformar el funcionamiento de otros poderes del Estado». No obstante, sí la «erosiona produciendo altísimos niveles de estrés y fatiga».
«La democracia sufre con Milei cómo sufrió con Cristina.»
Al comparar con el kirchnerismo, D’Alessandro señala que la democracia sufrió con ambos. Sin embargo, diferencia que Cristina Fernández de Kirchner, con mayorías en el Congreso y la intención de reformar el Poder Judicial, era «más amenazante» y buscaba una «pretensión hegemónica». A pesar de ello, la democracia «triunfó» porque el kirchnerismo perdió las elecciones y respetó las reglas. En el caso de Milei, su condición de presidente minoritario le otorga «menos incentivos hegemónicos».
Finalmente, el politólogo se refiere a dos proyectos de ley impulsados por el Gobierno: la Ley de Lobby y la Ley de Financiamiento Político. Respecto a la primera, D’Alessandro critica que «no se puede poner en la misma bolsa transparentar el lobby comercial que persigue un interés particular de una multinacional […] al de las casi 35.000 ONG que persiguen intereses generales y mejorar la sociedad». Considera que el proyecto «no busca transparentar la gestión de intereses sino controlar a la sociedad civil», obligando a registrar reuniones y actividades, incluso para periodistas.
En cuanto a la Ley de Financiamiento Político, D’Alessandro advierte que eleva de manera «gigantesca» el tope de aportes privados, permitiendo que «dos o tres ricos» puedan cubrir todos los gastos de campaña de un partido. Esto, a su juicio, contradice la tendencia mundial de limitar la incidencia del dinero concentrado y podría llevar a que «terminen preponderando ideas de los partidos que tengan acceso al financiamiento de los ricos». El politólogo concluye que no hay coherencia conceptual entre ambos proyectos, ya que uno busca controlar a la sociedad civil y el otro relaja el control sobre los partidos políticos.

