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Crisis en Bolivia: el Gobierno argentino alerta por el “peligroso poder” de Evo Morales y el narcotráfico

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El presidente Javier Milei considera que los aliados argentinos de Evo Morales están activos y pretenden desestabilizar su gobierno. Esta preocupación, manifestada tanto en privado como en público, se enmarca en una crisis política y social en Bolivia que el Ejecutivo argentino vincula directamente con la defensa de un “negocio descomunal” de narcotráfico por parte del exmandatario boliviano.

Según la perspectiva oficial, Bolivia no atraviesa una crisis meramente política. Se trataría de una reacción coordinada de una “estructura narco-feudal” que, con Evo Morales a la cabeza, estaría defendiendo con armas un esquema de narcotráfico a gran escala. Este ilícito, que se inicia en El Chapare –región donde se esconde Morales–, se extiende hacia la Argentina, país que le brindó asilo y protección en el pasado.

El “narco-estado” y la influencia en Argentina

Durante dos décadas, Bolivia se habría transformado en un “Estado con un narco-estado tutelar adentro”, donde la producción de cocaína dejó de ser un delito perseguido para convertirse en el “sistema operativo de la política”. El sindicato cocalero se habría transformado en partido y, posteriormente, habría tomado el control del Estado, organizando la impunidad con un método que la fuente describe como “castro-chavista”.

Hoy, Evo Morales, sin legitimidad electoral, manejaría un “Estado dentro del Estado” desde El Chapare. Tras la reapertura de los canales de inteligencia con la DEA, y al comenzar a investigar la zona de producción de cocaína, este “narco-estado clandestino” habría “mostrado los dientes” a través de protestas sociales, que si bien arraigan en un malestar comprensible, son azuzadas por la lucha de un “cartel en armas”. El ex presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, habría señalado en una entrevista que el Trópico de Cochabamba, feudo personal de Morales, es hoy “una de las regiones más importantes de generación de narcotráfico en Sudamérica”.

Sobre Evo Morales pesa una orden de captura vigente por trata de personas agravada y estupro, relacionada con la investigación de una presunta relación con una menor de edad durante su presidencia. Declarado en rebeldía, se encontraría rodeado en su búnker selvático por milicias afines que impiden el acceso a la policía boliviana.

Las rutas de la cocaína y el lavado de dinero

La cadena narco, que comienza en El Chapare, se extiende. La cocaína boliviana se refina en laboratorios alrededor de Santa Cruz de la Sierra y desde allí se abren rutas hacia la Argentina. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito documenta que el tráfico hacia el Atlántico avanza por dos rutas principales: una hacia el este a través de Brasil, y otra hacia el sur por la “ruta del Cono Sur”, que descarga en los puertos del Río de la Plata.

En Argentina, la droga desciende por Salta y Jujuy, cruzando por la Ruta 34 o por caminos de tierra y ripio sin control de Gendarmería, que conectan la frontera salteña con Santiago del Estero. En esta provincia, los operativos de 2025 (sic) sobre las rutas 34 y 16 habrían decomisado cientos de kilos de droga. El analista Douglas Farah (IBI Consultants) describió a Santiago del Estero como un “centro de convergencia criminal” por su geografía, baja densidad poblacional y un sistema político concentrado.

Desde este nodo, la droga se dirige hacia Rosario y sus contenedores portuarios. Otro punto clave es la Triple Frontera (Puerto Iguazú, Foz do Iguaçú y Ciudad del Este), epicentro de la cocaína sudamericana hacia Europa, donde las redes locales se asocian con familias de origen medio-oriental vinculadas a Hezbollah. También existe una ruta del Pacífico, que lleva cocaína andina (boliviana y peruana) a puertos chilenos, como San Antonio, rumbo a Asia. Uruguay, por su parte, habría abierto sus puertas al tráfico y al lavado de dinero.

Conexiones políticas y la amenaza a la seguridad nacional

En noviembre de 2019, Alberto Fernández, entonces presidente electo, recibió a Evo Morales en Argentina, brindándole refugio y plataforma política. La fuente señala que el gobierno kirchnerista lo trató como “hermano” y le proporcionó “blindaje retórico”, sin cuestionar el origen de la cocaína que cruzaba la frontera ni el dinero de los “movimientos sociales” liderados por Morales.

La crisis boliviana es vista como un problema de seguridad nacional argentino. La frontera norte (Salta, Jujuy, Formosa) es considerada una “membrana agujereada” por donde ingresan cocaína y dinero. La fuente establece una conexión entre el aparato que financia a Hezbollah con el narconegocio de la cocaína y eventos como la masacre del 7 de octubre y el rebrote del antisemitismo en Argentina, ligando el “eje Teherán-Caracas-Triple Frontera” a la red que sostuvo políticamente a Morales y que, según la nota, “lanzó sus explosivas garras sobre la AMIA”.

La nota concluye que la crisis boliviana no es una “postal exótica”, sino un “tentáculo con terminales en Argentina, en Uruguay y en Chile”, mientras Evo Morales, desde El Chapare, “espera y golpea” confiando en sus “amigos argentinos”.

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