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Informe UCA: la pobreza infantil disminuyó, pero persisten la malnutrición y déficit habitacionales

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La situación de la niñez y adolescencia en Argentina, aunque muestra una leve mejoría en algunos indicadores, sigue marcada por altos niveles de vulnerabilidad. Así lo señala la médica y epidemióloga Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), al analizar el reciente informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Según Bianco, si bien la pobreza infantil registró un descenso significativo, pasando de afectar a seis de cada diez menores a cuatro de cada diez, otros desafíos estructurales persisten y hasta se agudizan. La dependencia directa de la situación familiar hace que cualquier oscilación económica se refleje de inmediato en la calidad de vida de niñas, niños y adolescentes.

Vivienda precaria y acceso a servicios básicos

Uno de los puntos críticos que destaca el informe de la UCA, y que Bianco subraya, es la precariedad habitacional. Miles de menores aún carecen de acceso a servicios esenciales como agua potable y cloacas, una problemática que se arrastra desde hace décadas y cuya resolución avanza con lentitud. Esta deficiencia es transversal, afectando tanto a grandes urbes como a zonas semi-rurales y rurales, y se presenta como una de las más difíciles de superar.

La malnutrición, un problema creciente

La seguridad alimentaria es otra preocupación central. Mabel Bianco enfatiza que la calidad de la alimentación se ha deteriorado, lo que lleva a hablar de malnutrición en lugar de desnutrición. Mientras los niños desnutridos eran históricamente asociados con la delgadez extrema, los malnutridos actuales pueden presentar un aspecto «gordito» pero con importantes déficits nutricionales en sus dietas. El informe de la UCA revela que un 30% de los menores no consume regularmente todas las comidas diarias.

Para este grupo, la escuela se vuelve fundamental como garante de una alimentación mínima. La situación se agrava por el constante aumento en el precio de los alimentos, que supera el incremento de los salarios familiares, y por la omnipresente promoción de productos de baja calidad nutricional. Esta tendencia influye en las preferencias alimentarias de los menores y, si bien afecta a todos los estratos socioeconómicos, sus consecuencias son más severas en los hogares de bajos recursos.

«Debemos recuperar la preocupación por la situación de la infancia, no en forma demagógica sino real y para lograr un país con mayor desarrollo y condiciones de vida mejores para todos.»

El «impuesto cognitivo» de la pobreza

Mabel Bianco introduce un concepto crucial para el futuro de la infancia: la «salud cerebral». Citando a Facundo Manes y Martín Grandes, la especialista subraya que sin salud cerebral no hay desarrollo posible. Este concepto está íntimamente ligado a la nutrición, pero también a los factores educativos, sociales y culturales. La pobreza, según estos autores, genera un «impuesto cognitivo» que impacta directamente en el nivel educativo, el desarrollo emocional y las capacidades cognitivas de los niños.

Frente a este panorama, Bianco concluye que es imperativo que los gobiernos nacional y provinciales, junto con los sectores de educación, salud y socio-familiar, se ocupen no solo de superar la pobreza infantil, sino también de garantizar la salud cerebral de los más jóvenes. La atención a estos nuevos conceptos es clave para construir un país con mejores condiciones de vida y mayor desarrollo para todos sus ciudadanos.

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