Caso Fernández Lima: la Gendarmería detecta una «anomalía» y piden nuevas excavaciones
La investigación por el asesinato de Diego Fernández Lima, el adolescente desaparecido en 1984 cuyos restos fueron hallados hace un año en una casa de Coghlan, toma un nuevo impulso. La Gendarmería Nacional, utilizando un georradar, detectó una “anomalía” en un sector adyacente al lugar de la excavación original, lo que llevó al fiscal Martín López Perrando a solicitar nuevas excavaciones.
Este peritaje se realizó en la propiedad de Avenida Congreso 3742, en el barrio porteño de Coghlan, que a principios de los años 2000 fue alquilada por el músico Gustavo Cerati. El actual propietario del inmueble es Cristian Graf, quien era compañero de secundaria de Fernández Lima y el único imputado en la causa. La detección de esta “anomalía” en el jardín llevó al juez Alejandro Litvack a decretar una “medida de no innovar respecto del subsuelo y superficie de la totalidad del patio trasero del inmueble por el término de 60 días”.
El informe pericial fue elaborado por la División Prospección Geofísica de la Dirección de Criminalística y Estudios Forenses de la Gendarmería, tras tareas desarrolladas el pasado 4 de mayo. El objetivo de la auscultación era “profundizar la búsqueda de posibles restos óseos faltantes y de otros elementos de interés para la investigación”. Los especialistas identificaron una anomalía geofísica en un área lindante con la medianera derecha del terreno, recomendando una verificación directa mediante excavaciones controladas.
En las tareas periciales participaron, además de Gendarmería, la Policía de la Ciudad, la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°61 y el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Esta última institución fue clave el año pasado para determinar la identidad de los restos y confirmar la existencia de signos de criminalidad.
Reinicio de la pesquisa y la hipótesis del homicidio
El expediente judicial cobró nueva vida a partir del 28 de noviembre pasado, cuando la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional revocó el sobreseimiento de Cristian Graf. El tribunal consideró “prematura” la decisión previa del juez Litvack y ordenó retomar la investigación desde sus etapas iniciales. Esto implica que se dejó sin efecto el encuadre de los hechos bajo la figura de encubrimiento, y la pesquisa debe orientarse directamente sobre la hipótesis del homicidio de Fernández Lima.
Los camaristas subrayaron la necesidad de “agotar todas las líneas investigativas pendientes para esclarecer las circunstancias de la muerte y desaparición de la víctima”. Al apelar el sobreseimiento, el fiscal López Perrando ya había expresado su “convicción de que en el domicilio del sospechoso habían asesinado al adolescente desaparecido en 1984”.
Existe una afirmación insoslayable y es que Diego Fernández fue asesinado tras ser atacado con un elemento cortopunzante, luego se lo intentó desmembrar para ocultar el cadáver y finalmente fue ocultado a partir de su enterramiento en los fondos de la vivienda habitada desde aquel entonces y hasta el presente por Norberto Cristian Graf.
El misterio de una desaparición de cuatro décadas
“El Gaita” Fernández Lima tenía 16 años cuando desapareció la tarde del 26 de julio de 1984. Tras almorzar con su madre y pedir dinero para el colectivo, dijo que visitaría a un amigo. Un conocido lo vio por última vez en la esquina de Rómulo Naón y Monroe, en Villa Urquiza. Nunca llegó a su clase de la tarde en la ex Escuela Nacional de Educación Técnica (ENET) N°36.
Al no regresar a casa, sus padres, Juan Benigno Fernández e Irma Lima, reportaron su desaparición en la entonces comisaría 39a. de la Policía Federal, donde el caso fue asentado como una presunta “fuga de hogar”. Sus padres lo buscaron incansablemente durante años; su padre falleció sin conocer el destino de su hijo, mientras que su madre y hermanos continuaron la búsqueda.
El destino de Diego Fernández Lima comenzó a revelarse hace exactamente un año, el 20 de mayo, cuando obreros que trabajaban en la casa de Avenida Congreso 3748, lindera a la de los Graf, encontraron restos óseos tras un desmoronamiento de tierra. La vivienda donde se realizó el hallazgo había sido propiedad de Marina Olmi y fue alquilada por Cerati entre 2002 y 2003. Un vecino alertó a la policía y la investigación recayó en la fiscalía de López Perrando, quien dio intervención al EAAF.
Los 151 fragmentos de huesos analizados por los especialistas confirmaron que pertenecían a un varón joven asesinado de una puñalada en el tórax, que dejó una marca en su cuarta costilla derecha. También se advirtió un intento de desmembrar el cuerpo antes de ser enterrado en una fosa de 60 centímetros de profundidad en el jardín de la casa.
Junto a los restos, se encontraron objetos clave: una moneda japonesa, un reloj con calculadora Casio (fabricado en Japón en 1982), un llavero flotante naranja con una llave, una ficha de casino, la hebilla de un cinturón, la suela de un mocasín talle 41 y una corbata tejida de uniforme colegial. Estos elementos fueron cruciales para acotar la edad de la víctima y la década del crimen.
La difusión mediática del caso llevó a un sobrino de la víctima a sospechar que el NN podría ser su tío. La madre de Diego aportó una muestra genética, cuyo cotejo con el ADN de los restos dio positivo, permitiendo la certera identificación de Diego Fernández Lima cuatro décadas después de su trágico final.

