Deportes

Racing vs. AFA: La grieta entre Milito y la cúpula de Tapia se expone sin filtros

Compartir:

Las explosivas declaraciones de Diego Milito, presidente de Racing, tras la eliminación de su equipo frente a Rosario Central en la Copa de la Liga, terminaron de exponer una grieta que venía creciendo desde hace tiempo entre el exfutbolista y la cúpula de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Milito denunció que el fútbol argentino “está roto” y aseguró que su club se sintió “robado”, rompiendo un silencio que había mantenido desde su llegada a la dirigencia y dejando al descubierto tensiones políticas, personales y de gestión que resuenan en Viamonte.

En la AFA, desde hace tiempo observan a Milito como alguien ubicado en “la vereda de enfrente”, pese a que el exdelantero había intentado sostener un perfil relativamente bajo y alejado de las polémicas. Fuentes internas de la AFA entienden que las declaraciones no fueron el verdadero problema, sino la forma en que Milito se manejó políticamente desde su llegada a Racing. Algunos las interpretan como “un momento de calentura”, una reacción inevitable para amortiguar las críticas de los hinchas y socios de Racing, quienes reclaman “más peso en la AFA” o una postura más confrontativa, similar a la adoptada por River cuando en 2025 anunció su salida del Comité Ejecutivo por considerar la falta de “garantías procedimentales necesarias”.

Otra lectura, menos política y más futbolera, sugiere que el estallido sirvió para desviar el foco de la campaña irregular del equipo, que, si bien logró clasificarse a los cuartos de final del Apertura, apenas ganó seis de sus 18 partidos y consiguió el pase a los playoffs sobre el cierre de la etapa regular.

El “pecado original” de Milito y los códigos de la AFA

Cerca de Claudio Tapia, presidente de la AFA, sostienen que Milito “rompió los códigos” desde el inicio y que irrumpió “con el pie izquierdo” en el mundo dirigencial. En diciembre de 2024, el ídolo académico ganó las elecciones con el 60% de los votos frente a Christian Devia, candidato del oficialismo, cuya fórmula llevaba como vicepresidente primero a Víctor Blanco. Blanco, empresario y expresidente de Racing, logró estabilizar al club económica e institucionalmente, posicionándolo entre los más competitivos del país. Durante siete años, Blanco fue secretario general de la AFA, desde el comienzo del ciclo Tapia hasta su salida de Racing.

Blanco, quien también aparece procesado y embargado junto con Tapia, Pablo Toviggino (tesorero de AFA), Cristian Malaspina (actual secretario general) y Gustavo Lorenzo (gerente general) en una causa que investiga una posible apropiación indebida de tributos por más de 19.300 millones de pesos, construyó una relación de confianza con la cúpula y gran parte de los dirigentes del fútbol argentino.

Milito, en cambio, nunca terminó de integrarse. Ya era observado de reojo por no pertenecer al círculo histórico de la AFA y por manejarse con una lógica distinta, más cercana al perfil empresarial europeo que al entramado político tradicional. Había convivido con Blanco en dos etapas (como jugador y como secretario deportivo), pero la relación se deterioró hasta la ruptura en 2020. En 2024, Milito volvió en busca del poder absoluto en Racing.

Las críticas de Milito hacia Blanco fueron, para muchos, su “pecado original”. Aunque le sirvieron para ganar las elecciones en Racing, dentro de la AFA fueron interpretadas como una ruptura de esos “códigos” que los dirigentes repiten casi como una palabra sagrada. Algo similar ocurrió con Matías Mariotto en Banfield y Carlos Anacleto en Gimnasia La Plata, quienes, tras cuestionar a figuras cercanas al poder o proponer modelos alternativos, terminaron acercándose políticamente a la conducción de Tapia. Ni Juan Sebastián Verón ni Milito parecen dispuestos a funcionar de esa manera.

Incidentes y alianzas incómodas

En la AFA también cayó mal que Milito le quitara a Blanco, en febrero de 2026, su histórico palco y el estacionamiento interno del Cilindro. Además, se recuerda otro episodio: cuando Racing necesitó que la Aprevide levantara una sanción que le impedía recibir público frente a River en los octavos de final del Clausura 2025, Milito recurrió directamente a Axel Kicillof, uno de los principales aliados políticos de Tapia.

La relación entre Milito y Cristian Malaspina, presidente de Argentinos Juniors y actual secretario general de la AFA, tampoco es cercana. Todo remite a una vieja rencilla de 2019, cuando, según la versión de Malaspina, Milito le “llenó la cabeza” a Gabriel Hauche para convencerlo de dejar La Paternal y sumarse al plantel de Sebastián Beccacece. Aunque el tema no pasó a mayores, desde entonces el exgoleador quedó marcado para algunos dirigentes como alguien ajeno a las “buenas costumbres” del ambiente.

Consultados por LA NACION, desde la Casa Madre descartaron la posibilidad de una sanción disciplinaria contra Milito, como sí ocurrió a fines de 2025 con Juan Sebastián Verón, suspendido durante seis meses “para toda actividad relacionada con el fútbol” por el famoso pasillo de espaldas a Rosario Central. En la AFA minimizan lo sucedido en Rosario: consideran que “no pasó nada grave”, relativizan la expulsión de Maravilla Martínez (decisión tomada por Herrera tras la intervención de Pablo Dóvalo desde el VAR) y consideran que sancionar a Milito solo serviría para “victimizarlo”.

Tampoco ayudó, hacia adentro, la estrecha relación entre Milito y Verón. Fueron compañeros en Inter y en la selección argentina, y aunque el presidente de Racing había evitado exponer públicamente su idea de conducción, fue el propio Verón quien reveló que ambos se reunían desde mucho antes de la candidatura para hablar sobre gestión y modelos de clubes, y que “coinciden mucho” en la manera de pensar el fútbol.

Un ecosistema sin grises: la política del fútbol argentino

Entre los dirigentes, Milito sigue siendo observado con desconfianza. En tono burlón, algunos integrantes del Comité Ejecutivo suelen repetir que “Milito hay uno solo”, recreando el viejo cantito de Racing e Independiente sobre quién de los dos hermanos era mejor, si Diego o Gabriel. Y en ese juego interno, muchos ya eligieron de qué lado ponerse.

Para buena parte del círculo rojo de la AFA, Milito nunca terminó de pertenecer. Aunque hasta ahora no había roto públicamente relaciones, desde hace tiempo lo ubican en el mismo grupo que Estudiantes, River y Talleres, con una diferencia importante: mientras esos clubes blanquean abiertamente sus diferencias con Tapia, Milito intentó sostener durante mucho tiempo una neutralidad incómoda que, dentro de la dinámica particular de la AFA, suele interpretarse casi como una declaración de guerra silenciosa.

River, por ejemplo, ya no participa activamente de las reuniones de Comité Ejecutivo, pero el vínculo institucional todavía existe. Ignacio Villarroel, vicepresidente riverplatense y exrepresentante del club en la AFA, fue el primero en enviar un saludo al grupo de WhatsApp que comparten los clubes durante el Día del Dirigente Deportivo. Talleres, con Andrés Fassi, se ubica en las antípodas ideológicas de Tapia, aunque el mandamás de la “T” lleva años moviéndose dentro del sistema y sabe cuándo marcar diferencias y cuándo convivir con ellas.

El trasfondo, en realidad, excede a Milito. Otros exfutbolistas devenidos presidentes, como Gonzalo Belloso (Rosario Central) o Luis Artime (Belgrano), lograron adaptarse al perfil histórico del dirigente argentino: el que comprende la política del fútbol, sabe negociar, construye alianzas y acepta la verticalidad como sistema.

Ese quiebre quedó al descubierto cuando los clubes decidieron decretar un paro en la novena fecha del Apertura en respaldo a Tapia y Toviggino, en medio de una causa judicial. Racing fue uno de los pocos equipos que optó por no publicar un comunicado de apoyo. Dentro de la AFA, incluso quienes reconocen que Milito puede aportar ideas interesantes —como el fair play financiero que alguna vez intentó impulsar la Superliga— advierten que será imposible avanzar en cualquier reforma si Racing continúa sin involucrarse políticamente en el día a día del Comité Ejecutivo. El representante habitual del club en las reuniones suele ser Kevin Feldman, secretario general de la institución.

En el fútbol argentino, cuando un club considera que un árbitro perjudicó sistemáticamente a su equipo, lo habitual es plantearlo puertas adentro y pedir discretamente que ese juez no vuelva a dirigirlo. Es lo que muchos dirigentes definen como “hablar donde corresponde”. Nadie se inmolaría planteando algo así en plena reunión de Comité, mucho menos un presidente sin buena relación con Tapia, que suele tener la última palabra en estas cuestiones y difícilmente acceda a un pedido realizado a través de los medios y en forma de queja.

Tras las declaraciones de Milito, dos dirigentes salieron rápidamente a cruzarlo. El primero fue Hernán Arboleya, de Lanús, quien escribió en redes sociales:

“Nada mejor que empezar a reconstruir puertas adentro, dos goles anulados a Central, nada que discutir en las expulsiones. Una mano de pintura y baños químicos a veces no alcanzan para la grandeza de un club. Si estás dispuesto a reconstruir el fútbol argentino es indispensable que participes; no todo es cámara en los vestuarios”.

El mensaje mezcló una ironía sobre las obras impulsadas por Milito en el Cilindro —uno de los aspectos más cuestionados de la gestión de Víctor Blanco— con una referencia al arbitraje, aunque con un detalle inexacto: a Central no le anularon dos goles, sino uno solo, a Alejo Véliz, en una jugada finísima de offside.

En otro tono, Fabián Lovato, histórico de San Telmo y actual secretario de selecciones juveniles de la AFA, uno de los viejos laderos de Tapia, publicó un extenso mensaje en el que felicitó a sus pares por “seguir construyendo un fútbol más competitivo y más grande”. El texto estaba acompañado por una foto de Tapia y cerraba con el hashtag #DirigenteSeNace. Minutos después redobló la apuesta con otra publicación:

“Dirigente SIEMPRE, tribunero NUNCA”.

Del lado de Racing, el único que se pronunció fue Hernán Lacunza, vicepresidente primero del club, quien hizo un repaso por ocho puntos por los que considera que el fútbol argentino es una “competencia rota”, desde el torneo de 30 equipos hasta el sistema de playoffs, para cerrar con una frase contundente:

“Que la abundancia de Messi, Di María, Julián y Lautaro nos vuelva a sacar campeones, pero no tape la necesidad y la potencia de una competencia local sana”.

De todos modos, en la AFA no creen que el estallido de Milito vaya a provocar una ruptura política de fondo. Si bien aceptan que no es menor que un club grande como Racing haya decidido plantarse públicamente, tampoco ven hoy un escenario de quiebre entre dos bloques dirigenciales. “Milito está obligado a salir a gritar. Pero la conmoción no existe y los dirigentes siguen todos calladitos. Todavía no están dadas las condiciones para gatillar un enfrentamiento. Tienen que pasar un montón de cosas. Hay más de 20 clubes con mucho en juego”, desliza alguien que frecuenta los pasillos de la Liga Profesional.

Una radiografía bastante precisa de cómo se vive el poder en el fútbol argentino: un ecosistema donde no existen los grises y donde el celeste y el blanco tampoco son colores neutrales.

Compartir: