Espectáculos

Agustín Aristarán: de la magia a Willy Wonka y el éxito sin convivencia

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El artista Agustín Aristarán, conocido por su trayectoria en magia, comedia y actuación, se alista para un nuevo desafío teatral: interpretar a Willy Wonka en la adaptación musical de Charlie y la fábrica de chocolate. La obra, que subirá a escena en el Gran Rex a partir del 4 de junio, representa un hito más en una carrera que lo ha visto protagonizar éxitos como Matilda y School of Rock.

En diálogo con LA NACION, Aristarán, quien durante años fue conocido como Radagast, compartió detalles sobre la construcción de su personaje, la influencia de su formación artística desde la infancia y la particular dinámica de su relación de doce años con la actriz Fernanda Metilli.

El desafío de Willy Wonka: entre la dulzura y la soledad

La propuesta de encarnar a Willy Wonka llegó a Aristarán de manera sorpresiva, tras finalizar las funciones de School of Rock. “Willy Wonka, me vuelvo loco”, recuerda haber exclamado. La ansiedad, una constante en su vida, lo acompaña mientras se prepara para una temporada que se extenderá hasta el 2 de agosto.

Sobre la construcción del icónico personaje, Aristarán explica que se encuentra en un proceso continuo: “Siempre digo que el personaje está en constante construcción hasta el día del estreno con el público real… Siento que nace y se termina de construir arriba del escenario”. Describe a su Wonka como un ser complejo, “un niño en el cuerpo de un adulto, muy solo en su megafábrica”, que encuentra en Charlie a ese niño que fue él y a un hijo que nunca tuvo. Esta dualidad entre la dulzura, la comedia y la oscuridad de la soledad es lo que más lo atrae del papel. Para evitar influencias, el actor optó por no volver a ver las versiones cinematográficas interpretadas por Gene Wilder, Johnny Depp o Timothée Chalamet, una estrategia que ya aplicó en sus anteriores musicales.

Al reflexionar sobre su propia conexión con la faceta lúdica del personaje, Aristarán confiesa tener un “niño interior muy bien atendido” que le permite jugar sin reglas claras ni límites, una fuente de creatividad que aplica en su trabajo de entretener.

Una vida dedicada al arte: de Bahía Blanca al Gran Rex

El camino de Aristarán no fue fruto del azar. Su formación artística comenzó desde muy chico en Bahía Blanca, donde estudió música y jazz, y luego se volcó a la magia, el teatro, la danza y el canto. “Tuve una infancia que parece sacada de un cuento”, rememora, destacando la influencia de su abuelo carpintero y las fábulas que escuchaba. Sus padres, a diferencia de muchos, siempre lo apoyaron en su vocación, incentivándolo a formarse para ser su “mejor versión”.

A los 16 o 17 años, viajaba a Buenos Aires por el día para tomar clases, financiando sus estudios con trabajos como mago en eventos. Esta dedicación lo llevó a mudarse a la capital y, con el tiempo, a cosechar un reconocimiento que, asegura, “superó todo” lo que había imaginado. “Me gusta pensar que no llegué a ningún lado, porque si llego me tengo que quedar, desarmar la valija, colgar la ropa y no tengo ganas. Me motiva mucho saber todo lo que falta”, afirma, evidenciando su constante búsqueda de nuevos desafíos.

Actualmente, Aristarán también forma parte del equipo de Otro día perdido en eltrece, junto a Mario Pergolini, una experiencia que describe como “muy fácil” y generosa, donde se valora su aporte creativo más allá de la interpretación.

La no convivencia, un secreto de pareja y la anécdota con Brandoni

La relación de Agustín Aristarán con la actriz Fernanda Metilli, que ya lleva doce años, se destaca por una particularidad: la no convivencia. “No convivimos, por eso estamos bien (risas)”, bromea el actor, quien explica que solo lo hicieron durante la pandemia. Ambos disfrutan de carreras exitosas, con Metilli brillando en Las chicas de la culpa y Berlín, Berlín. Aristarán subraya que su relación no es “un negocio”, sino un vínculo de apoyo y admiración mutua.

Cien por ciento. Somos muy privilegiados porque podemos hacerlo también. Hay muchas parejas que tienen que convivir sí o sí por una cuestión de compartir gastos y demás. Pero sin lugar a dudas si tenés la posibilidad, lo mejor es que cada uno tenga su espacio. Mínimo, cuartos separados. Mínimo. El momento de soledad lo necesitamos todos.

Además de su vida personal y profesional, Aristarán compartió una emotiva anécdota sobre su trabajo con Luis Brandoni en la película Parque Lezama. Recuerda la energía inquebrantable del veterano actor, incluso a una edad avanzada. “Laburé con un tipo que lo único que le importaba en la vida era actuar”, afirma, conmovido por la pasión intacta de Brandoni, quien después de ocho horas de filmación aún tenía energía para presentarse en el teatro.

Finalmente, Aristarán abordó el cambio de su nombre artístico de Radagast a Agustín Aristarán. Confirmó que la modificación se debió a un conflicto legal con los herederos de J.R.R. Tolkien, autor de El Señor de los Anillos y El Hobbit, donde aparece el personaje Radagast el Pardo. Si bien llegó a un acuerdo, el actor considera que el cambio fue positivo y le permitió consolidar su identidad con su nombre de nacimiento. La magia, su “primer amor”, sigue presente en su trabajo diario y en especiales como Tarán, disponible en Disney+.

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