Asma: 95% de los pacientes podría hacer vida normal, pero más de la mitad no lo logra
El asma, una de las enfermedades respiratorias más frecuentes en Argentina, afecta a unos 4 millones de personas y, a pesar de los significativos avances en su diagnóstico y tratamiento, más de la mitad de los pacientes no logra un control adecuado. Esta situación genera más de 15 mil internaciones anuales y alrededor de 300 muertes por crisis asmáticas, cifras consideradas “inadmisibles” por los especialistas, ya que la mayoría de los casos podrían llevar una vida normal.
Así lo advierte el doctor Manuel Ibarrola, co-coordinador de la sección Inmunología y Enfermedades Obstructivas de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR). En diálogo con Clarín, en el marco del Día Mundial del Asma, Ibarrola enfatizó que el 95% de los pacientes es potencialmente controlable, gracias a las herramientas disponibles hoy en día.
El asma: una enfermedad crónica y variable, a menudo mal interpretada
El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de la vía aérea que, si bien no tiene cura, es tratable y controlable. A diferencia de lo que muchos creen, no es un episodio pasajero, sino una condición de por vida que hace que los bronquios se inflamen y se cierren, generando lo que se conoce como broncoespasmo.
Los cuatro síntomas principales del asma son la tos, la falta de aire, los silbidos o ruiditos al respirar y la sensación de opresión o pecho cerrado. Ibarrola subraya que la enfermedad es sumamente variable, presentándose de manera diferente en cada paciente y pudiendo manifestarse en distintas etapas de la vida, incluso con períodos de remisión aparente. Además, su intensidad y frecuencia suelen variar según las estaciones, siendo más severa en invierno y primavera.
El desafío del diagnóstico y el acceso al tratamiento
Una de las principales dificultades para controlar el asma radica en su subdiagnóstico. «Muchos adultos se enteran hoy, en la consulta médica, que eso que los aquejaba y lo sigue haciendo es asma», explica Ibarrola. El especialista estima que entre el 70% y 80% de los casos se inician en la infancia, aunque a menudo se les asignaban otros nombres como bronquitis espasmódica, bronquitis alérgica o “principio de asma”.
«Hoy, el 95% de los pacientes son potencialmente controlables. Es decir, los detectamos a tiempo, en un buen momento para intervenir, pueden hacer una vida normal», alentó el neumonólogo.
La falta de una prueba única y definitiva complica el diagnóstico. Requiere de una evaluación integral que incluye antecedentes clínicos y familiares, exposiciones ambientales y estudios complementarios como la espirometría, una prueba sencilla que mide la función respiratoria. Sin embargo, incluso con estas herramientas, los casos leves pueden pasar desapercibidos, y la dificultad para obtener turnos médicos también contribuye a la baja adherencia al seguimiento.
Avances y la importancia del tratamiento de mantenimiento
Desde la década de 1980, con la llegada de los corticoides inhalados, el tratamiento del asma ha evolucionado drásticamente. Actualmente, los medicamentos son “sumamente sencillos de utilizar e inocuos”, según Ibarrola. El objetivo es que el 95% de los pacientes logre un buen control con un tratamiento de mantenimiento controlador, que previene los síntomas y el deterioro de la función respiratoria. Para el 5% restante, con asma grave, existen otros medicamentos igualmente efectivos para evitar consecuencias severas.
El problema es que más de la mitad de los pacientes no logra este control, ya sea por falta de diagnóstico, por acostumbrarse a vivir con síntomas o por abusar de los “rescates” (medicación aliviadora como el salbutamol) sin abordar la inflamación subyacente. Los signos de un mal control incluyen el uso frecuente de medicación aliviadora, tos persistente, silbidos, despertares nocturnos y la limitación de actividades diarias.
Cuándo consultar al médico
Ibarrola enfatiza la importancia de consultar a un médico ante ciertos síntomas, incluso si la tos es común. Señales de alarma incluyen silbidos en el pecho, sensación de opresión o falta de aire, especialmente si aparecen de noche o se desencadenan por estímulos como polvo, humedad, polen, pelo de animales o cambios bruscos de clima. También es relevante considerar antecedentes personales de cuadros respiratorios repetidos en la infancia o juventud, o antecedentes familiares de asma y alergias respiratorias. Cualquier cuadro respiratorio común que se prolongue más de lo habitual y deje síntomas persistentes también merece una evaluación para descartar asma no diagnosticada.

