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El caso Sodalicio marca un precedente en la investigación de abusos eclesiásticos

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El proceso de investigación que lleva adelante el Vaticano contra los abusos cometidos dentro del Sodalicio de Vida Cristiana, la sociedad fundada por el laico peruano Luis Fernando Figari, podría convertirse en un modelo para atender casos similares en otras organizaciones religiosas transnacionales. Así lo explicó Jordi Bertomeu, comisario designado por la Santa Sede para disolver el Sodalicio y resarcir a las víctimas.

Bertomeu, quien se encuentra en Perú para recibir nuevas denuncias en un plazo abierto del 4 al 22 de mayo, detalló a periodistas que este caso llevó al Vaticano a abordar el asunto de manera integral. La investigación se realiza a través de una comisión directamente designada por el Papa Francisco, un proceso que luego ha sido seguido por León XIV. Este enfoque inusual busca superar las limitaciones de las estructuras diocesanas y de la curia romana frente a la complejidad de las organizaciones que operan en múltiples países y estratos de la Iglesia.

Un nuevo paradigma en la investigación de abusos

El emisario papal subrayó que la Iglesia está en un proceso de aprendizaje. «Todos estamos aprendiendo, incluso la misma Iglesia está aprendiendo también que no puede dar la aprobación canónica a organizaciones que luego se demuestran con problemas graves de violaciones de derechos fundamentales de las personas», señaló Bertomeu. Tradicionalmente, la curia romana funciona bajo un principio de subsidiariedad, donde los problemas se resuelven a nivel diocesano. Sin embargo, la naturaleza transnacional de algunas organizaciones eclesiales, que involucran a sacerdotes, obispos, laicos y religiosos, y que tocan diferentes dicasterios, exige un cambio.

«Nos hemos dado cuenta de que hay problemas que sobrepasan mucho al nivel diocesano, porque un obispo no puede investigar aquello porque tiene muchas ramas, pero incluso puede sobrepasar a nivel de Conferencia Episcopal o de un organismo de la curia romana, y en este caso estamos aprendiendo todo», añadió Bertomeu. Este reconocimiento lleva a la Santa Sede a reevaluar la forma en que se realizan algunas investigaciones debido a su inherente complejidad.

La intervención directa del Papa Francisco

El caso Sodalicio es inédito por la conformación de una misión diplomática especial y personal del Papa. Esta misión tiene la facultad de realizar investigaciones por encima de los dicasterios y entregar un informe directamente al pontífice, quien luego lo remite a las instancias vaticanas correspondientes para decidir las sanciones. «Supongo que este modo de proceder será estudiado y pensado para otras organizaciones de iglesia que operan a nivel transnacional con una gran complejidad», sostuvo Bertomeu, sugiriendo que este podría ser el camino para futuras investigaciones de alto perfil.

La cercanía del Papa Francisco con la realidad latinoamericana es un factor clave. Bertomeu valoró que el actual Papa, a quien describió como «medio gringo, medio cholo», «conoce perfectamente la realidad de lo que estamos aquí tratando», habiendo pasado veinte años de su vida pastoral en Perú y estando al tanto del caso Sodalicio.

Origen y consecuencias del escándalo

Los abusos dentro del Sodalicio fueron revelados por primera vez en 2015 por los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz en su libro ‘Mitad monjes, mitad soldados’. La obra expuso testimonios de víctimas de abusos físicos, psicológicos, sexuales, económicos y patrimoniales, presuntamente cometidos por dirigentes del Sodalicio, fundado en 1971 por Figari.

Hasta el momento, el Vaticano ha recibido más de cien denuncias y ha ordenado la disolución del Sodalicio y de otras organizaciones anexas, también fundadas por Figari y calificadas por la Santa Sede como sectarias.

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