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Agónico triunfo de River en Venezuela: Salas desató el nudo y afianza la cima

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Una noche de múltiples escenarios desanduvo River en Venezuela, que terminó celebrando un triunfo agónico que lo deja a un paso de los octavos de final de la Copa Sudamericana. Cuando el empate parecía ser el destino ineludible tras la expulsión del arquero Beltrán, Maximiliano Salas, uno de los futbolistas más resistidos por la hinchada, desató el nudo en la última jugada del partido. Con una definición simple y efectiva, estampó el 2-1 que devolvió la calma y sostuvo al equipo en la cima del Grupo H.

El éxito sobre Carabobo, por la cuarta fecha de la fase de grupos, no solo afirma a River en la primera posición, sino que también le allana el camino para la clasificación. Sin embargo, la victoria llegó tras un partido donde el Millonario tuvo todo para ganar, pero estuvo a tiro de perderlo por desatenciones y equivocaciones que, según el análisis interno, no pueden repetirse si el equipo aspira a ser candidato en el torneo.

Gestión de prioridades y el agitado presente de River

El viaje a Valencia obligó al cuerpo técnico a cargo de Eduardo Coudet a analizar minuciosamente la agenda. Ser puntero del grupo en un certamen internacional y al mismo tiempo buscar la clasificación a los octavos de final del torneo Apertura argentino sería, en una situación normal, un cumplimiento de metas. Sin embargo, en Núñez el presente es agitado e inestable. La irregularidad empuja a la frustración y el desencanto, y los momentos de satisfacción suelen ser efímeros. Esto lo sufren el técnico, los futbolistas y el simpatizante, ya que la estadística parcial no alcanza para disipar la sensación de que un derrumbe puede estar a la vuelta de la esquina.

Con la necesidad de visitar al escolta, que se encontraba a una unidad, River optó por reservar jugadores clave para el clásico del próximo domingo ante San Lorenzo, en el Monumental, por los playoffs del torneo argentino. Un partido donde no hay margen para tropiezos, especialmente después de la derrota en el superclásico y la caída ante Atlético Tucumán el último fin de semana, que desató una silbatina en la despedida del equipo. Coudet no incluyó en la lista de viajeros a Gonzalo Montiel, Lautaro Rivero, Aníbal Moreno, Marcelo Acuña, Tomás Galván, Fausto Vera, Sebastián Driussi, Paulo Díaz y Tobías Ramírez. Los últimos cuatro, cabe destacar, se recuperan de diversas lesiones.

Recursos justos y el liderazgo de Quintero

A River se le nota que los recursos son justos, a pesar de las millonarias inversiones en el mercado de pases. La doble competencia pasa factura, con lesiones que recortan las opciones y un bajo nivel de algunos jugadores que impide su consideración. La apuesta de Coudet es la mixtura: Maximiliano Meza, quien regresó con Atlético Tucumán tras casi seis meses por una avulsión del tendón rotuliano izquierdo, tuvo continuidad; Santiago Lencina, que no jugaba desde febrero, fue titular; y los juveniles Facundo González y Lucas Silva sumaron rodaje. En este escenario, Juan Fernando Quintero emergió como la guía. La pelota siempre pasó por los pies del colombiano, muy participativo en la búsqueda de sociedades con Meza y Lencina.

«Buen momento para pararnos, para decir acá estamos», señaló Quintero antes del partido. Y cumplió. En el inicio fue el eje de los ataques, conduciendo y también finalizando jugadas con remates de zurda y derecha. Sin embargo, se encontró con la figura del arquero argentino Bruera, quien le detuvo un penal –sancionado por el árbitro Derlis López tras llamado del VAR por falta de Ezequiel Neira sobre el uruguayo Viña– y más tarde remates de Lencina y Fabricio Bustos.

Desde el lateral, Coudet, siempre de pie, se escuchaba de modo constante: dando indicaciones, pidiendo movimientos, arengando a sus jugadores. «Vamos que el penal ya pasó», apuntaló al grupo en la pausa de rehidratación. Carabobo, por su parte, solo lograba inquietar con transiciones rápidas. Un tiro libre de Tortolero fue la única preocupación para Beltrán, aunque fue un llamado de atención que derivó en la amarilla para González y, posteriormente, para Germán Pezzella por una pérdida de Lencina.

Un final dramático y la aparición de Salas

De modo innecesario, River jugó acelerado con la ventaja. El apuro por resolver empujaba a la desesperación, a saltar pases, a intentar pasar la pelota por el ojo de una aguja. «Juan tranquilo, vamos a jugar», le espetó el DT a Quintero ante un pelotazo sin destino. Los detalles ganan partidos y ahí River hizo un pleno: córner ejecutado por Quintero y Meza, de cabeza, martilló el 1-0 a pesar de la marca de Jean Fuentes. Fue la última participación del goleador, quien fue reemplazado por Facundo Colidio.

River tenía todo para ganar y disfrutar, pero un gol de Berrío modificó esa sensación y sumó preocupación a un equipo que se enreda y no logra dar el salto de calidad. La situación se complicó aún más con la discutible expulsión del arquero Beltrán, quien salió lejísimos y bajó a Berrío sobre un costado. El árbitro Derlis López, tras revisar la acción a instancias del VAR, le mostró la tarjeta roja. Hasta que, en la última jugada de la noche, tras un pelotazo desde la defensa, Salas recuperó el poder de fuego y desató el nudo, cuando el escenario más apretaba a los millonarios.

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