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Migraciones: la Iglesia cuestiona el «rechazo infundado» en frontera y los operativos de control

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La Comisión Episcopal de Migrantes e Itinerantes expresó su profunda preocupación por el aumento del “rechazo infundado y arbitrario” hacia las personas migrantes en la frontera, así como por los operativos de control migratorio. Tras un encuentro nacional de tres días en Luján, el organismo eclesiástico criticó duramente las políticas actuales, sugiriendo que responden más a una “estrategia de comunicación política que a la acción de un estado garante de derechos”.

El arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, quien preside la comisión, señaló que la ya compleja realidad de la población se agrava para los migrantes. En este contexto, el organismo cuestionó específicamente el decreto 366/2025, que endurece los requisitos para obtener la ciudadanía argentina, generando una situación de mayor vulnerabilidad para miles de personas.

Endurecimiento de requisitos y vulneración de derechos

Según la comisión episcopal, los cambios en la legislación provocan que muchos migrantes enfrenten una creciente incertidumbre en sus procesos de regularización y un constante temor a la expulsión. Esta situación, advierten los obispos, obstaculiza el acceso a derechos fundamentales como el documento de identidad, la salud, la educación y el trabajo digno, dejando a estas personas en un estado de indefensión.

Los prelados también hicieron hincapié en la dificultad de acceso a un trabajo digno para las mayorías, situación que se vuelve “aún más desesperante” para las personas con discapacidad en el ámbito migrante. Observan un desplazamiento de personas hacia zonas de explotación de hidrocarburos no convencionales y el sector portuario, en busca de empleo rápido, pero que a menudo encuentran un “escenario hostil y muchas veces expuestos a abusos de todo tipo”.

Esto nos urge a redoblar esfuerzos en el acompañamiento con cercanía, orientación clara y una profunda responsabilidad pastoral.

Ante esta realidad, la Comisión Episcopal de Migrantes e Itinerantes se compromete a seguir trabajando en la construcción de planes de atención pastoral para las familias migrantes. La visión es que las comunidades no sean solo lugares de acogida asistencial, sino “espacios integrales que protejan la dignidad humana y fomenten la ‘cultura del encuentro’ frente a la del descarte”.

La declaración final enfatiza la importancia de reconocer al migrante “no como una carga, sino como una persona con dones que enriquece a la comunidad”. La misión de la Iglesia, concluye el pronunciamiento, es “trabajar para garantizar sus derechos, su identidad y su participación activa, propiciando espacios en los que pueda celebrar su fe”, en sintonía con el mensaje del papa León XIV para la 111ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado.

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