Sociedad

Casa Roca Jalil: el almacén de 1929 que narra la llegada de los primeros asiáticos a la Patagonia

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JUNÍN DE LOS ANDES.– Un pequeño cartel en la fachada de una casa restaurada en el centro histórico de Junín de los Andes, «Casa Roca, de Moisés y Roque Roca Jalil. Museo Histórico», es la puerta de entrada a una historia asombrosa. En su interior, un museo se desmarca de las instituciones tradicionales del pueblo para narrar la llegada de los primeros inmigrantes asiáticos a esta localidad patagónica, su legado y la profunda conexión que establecieron con la comunidad mapuche.

La saga de los Roca Jalil comenzó en 1901, cuando Simón Roca Jalil, un joven libanés de 21 años, arribó a la Patagonia con dos hermanos, dejando atrás a su esposa y dos hijas. Se estableció en el paraje San Ignacio, a 41 kilómetros de Junín de los Andes, conviviendo con la comunidad de Manuel Namuncurá, padre del beato Ceferino Namuncurá.

Seis años después, Simón regresó a su Líbano natal para buscar a su familia, volviendo a Junín de los Andes en 1909. Tras dejar definitivamente su Mairuba natal, Simón y su esposa tuvieron otros seis hijos. La familia permaneció en San Ignacio hasta 1914, se trasladó a la estancia Quilquihue, y en 1918 se radicó finalmente en Junín de los Andes. Dos años después, en un pueblo que era poco más que un fortín militar, comenzaron a construir un almacén de ramos generales.

La Flor del Día: un epicentro comercial y cultural

El boliche, bautizado como La Flor del Día, inauguró su primer edificio propio en 1929. Más que un simple almacén, fue estafeta postal, sede del Banco Nación y pulpería. Desde sus dos ventanas de despacho, diseñadas para evitar disturbios, Simón Roca Jalil expedía una vasta gama de productos: alimentos, hacienda, herramientas agrícolas, alcohol, ponchos e incluso armas. El negocio creció al ritmo del pueblo, convirtiéndose en un punto neurálgico para la vida local.

Tras el fallecimiento de Simón el 19 de octubre de 1933, su hijo Alfredo heredó el almacén, que luego pasó a manos de sus hermanos, Moisés y Roque Roca Jalil. Ellos continuaron la administración con la invaluable ayuda de Eduardo Zambrano, un fiel empleado de la familia.

El museo que resguarda la memoria

En 1982, tras el cierre del almacén de ramos generales, Moisés Roca Jalil inició la recopilación de piezas que darían forma al museo. Hoy, el espacio alberga una impresionante colección de 400 matras y tejidos mapuches, herramientas, armas, botellas de vinos, caña, grapa, ginebra, whisky, y píldoras de boticarios de uso libre, reflejando el intercambio cultural entre mapuches e inmigrantes. Incluso se exhibe un Dodge modelo 1938 que perteneció a Roque.

El recorrido por la casa es un viaje al pasado, mostrando la vida diaria del siglo XX, el intercambio entre estancias y el pueblo, y la fusión de culturas y tradiciones. Juan Roca, bisnieto de Simón, resalta el compromiso de su familia con los objetos y artesanías regionales. «Ellos siempre buscaban tener objetos regionales, de la zona. Apoyaban las artesanías locales. Hacían trueques e incluso coleccionaban ponchos y fajas fabricadas por las comunidades mapuches», relata.

Su esposa, Carolina Galeano, se dedicó a recopilar esta historia, organizando los miles de objetos conservados. Entre ellos, destaca un poncho de Manuel Namuncurá, proveniente de la comunidad mapuche de San Ignacio. Galeano contó con la colaboración de Eduardo Zambrano para reunir libros de trueque, registros de «debe y haber» y un libro de cartas escrito en árabe, símbolos de la mixtura cultural.

El galpón original que hoy funciona como museo, después de un tiempo cerrado, reabrió en la esquina de Coronel Suárez y San Martín. Allí, Zambrano recuerda los inicios del boliche como pulpería, almacén, tienda y ferretería, atendiendo a clientes de la zona rural y estancias. «Se atendía por ventana chica, porque venía mucha gente de afuera, de los bosques. Y no todos con buenas intenciones», explica, aludiendo a la violencia de la época, con robos e incendios frecuentes.

Debido a la inseguridad, el almacén también vendía revólveres de todos los calibres, escopetas y municiones. Todo en el edificio es original: estanterías de raulí, ventanas de despacho, balanzas, lámparas, damajuanas, cafeteras y lotes de alpargatas listos para la venta.

El museo Roca Jalil complementa el circuito cultural de Junín de los Andes, que incluye el museo arqueológico y paleontológico con más de 4.000 piezas, y el archivo histórico local, que profundiza en la historia de los mapuches y tehuelches, la conquista militar y la evangelización salesiana. Las visitas al museo deben acordarse con anticipación a través de @casarocajalil.

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