El fenómeno de la Selección: los valores del equipo de Scaloni que incomodan a la política
El multitudinario respaldo popular al ciclo de la Selección argentina conducido por Lionel Scaloni y capitaneado por Lionel Messi trasciende lo estrictamente deportivo. Más allá de los títulos obtenidos y el impacto de llegar a una nueva final internacional, el fenómeno social genera profundas lecturas y cierta incomodidad en todo el arco político nacional, al poner en tensión tanto la narrativa del oficialismo libertario como los postulados tradicionales de la oposición kirchnerista.
Un modelo que contrasta con la grieta política
El estilo y la conducta que proyecta el seleccionado nacional entran en conflicto directo con las dinámicas de la política actual. Por un lado, la moderación, la humildad y la caballerosidad representadas por el cuerpo técnico y los futbolistas se ubican en las antípodas del sesgo confrontativo, la arrogancia y la descalificación dialéctica que caracterizan al movimiento que encabeza el presidente Javier Milei.
Por otro lado, la devoción colectiva por este equipo tampoco resulta del todo cómoda para el kirchnerismo. La Scaloneta ha rendido culto de manera sistemática al esfuerzo, al mérito individual, a la superación profesional y a la integración con el mundo. Se trata de valores alejados del revanchismo y del rechazo a la meritocracia que históricamente estimuló el populismo de izquierda.
Dignidad en la derrota y cuestionamiento al exitismo
La postura adoptada por el entrenador tras la final perdida frente a España dejó expuesta una conducta atípica para la cultura pública. Sin apelar a excusas ni cuestionar arbitrajes u organizaciones, Scaloni reconoció la superioridad del rival y transmitió a sus jugadores la necesidad de ser «grandes en la derrota». Esa aceptación digna del resultado constituye un gesto de autoridad moral distanciado del habitual juego de descalificaciones de la dirigencia.
La selección despierta una suerte de “nuevo nacionalismo”, más anclado en valores y emociones humanas que en grandes proclamas patrioteras
A su vez, la reacción de la sociedad argentina reflejó signos de madurez. A diferencia de épocas marcadas por el exitismo extremo o la indignación inmediata ante la caída, el sentimiento predominante fue de gratitud hacia un ciclo sostenido en el tiempo que ostenta la conquista del Mundial de Qatar 2022 y dos Copas América. La ciudadanía pareció comprender que el mérito no reside únicamente en levantar el trofeo, sino en la forma de recorrer el camino y competir al máximo nivel.
El valor del espíritu crítico y las contradicciones
Sin embargo, el reconocimiento hacia la Selección no debería clausurar la capacidad de análisis crítico. Asumir la idea de que
no hay nada que reprocharle a la selección
puede derivar en un absolutismo poco saludable. En el plano de la conducta, existieron episodios revisables, como las reacciones extemporáneas contra rivales al término del encuentro, el despliegue de proclamas sobre la Causa Malvinas desafiando los reglamentos del torneo o gestos de distancia durante las premiaciones.
El desafío para la sociedad pasa por no exacerbar un nacionalismo tóxico ni permitir que el apasionamiento anule el debate franco. El célebre festejo del Topo Gigio que repiten varios futbolistas bien puede leerse como la disposición a poner las manos detrás de las orejas y escuchar: no solo para recibir el aplauso, sino también la crítica constructiva. Un hábito que la clase política también debería adoptar para conectar con la sensatez que demanda la ciudadanía.

