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La Casa del Mundial: los 20 amigos de Villa Urquiza que repitieron su ritual de Qatar para alentar a la Selección

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A pocas horas de que la selección argentina se enfrente a España en el New Jersey Stadium por la final del Mundial 2026, un grupo de 20 amigos de Buenos Aires vive la previa con una intensidad única. Reunidos en una propiedad alquilada en el barrio porteño de Villa Urquiza, el grupo recrea «La Casa del Mundial», una tradición que nació de manera improvisada durante el campeonato de Qatar 2022 y que hoy se consolidó como su cábala definitiva para acompañar el sueño de una nueva estrella.

De la pileta en Olivos al asado en Villa Urquiza

La historia comenzó hace cuatro años. En aquel entonces, con el Mundial de Qatar disputándose en el verano austral, a uno de los integrantes del grupo se le ocurrió alquilar una propiedad en Olivos durante un mes para convivir y mirar todos los partidos juntos. «Todo nació en 2022 porque el Mundial se jugaba en verano. A uno de los chicos se le ocurrió alquilar una casa durante un mes para vivirlo juntos. El que trabajaba iba a trabajar y después volvía. Era una casa normal, pero todo giraba alrededor del Mundial», recuerda Nicolás Pralong en diálogo con LA NACION.

La experiencia fue tan exitosa que culminó con la consagración nacional y el nacimiento de un ritual. Para este 2026, la intención original era regresar a la misma locación de Olivos, pero descubrieron que la propiedad había sido vendida a un nuevo dueño. Ante el imprevisto, iniciaron una búsqueda a contrarreloj que finalizó apenas tres días antes del inicio del torneo actual, cuando hallaron una vivienda con parrilla interior en la calle Altolaguirre, en Villa Urquiza.

A diferencia de 2022, el paso del tiempo y las nuevas responsabilidades alteraron la dinámica cotidiana del grupo, cuyos miembros hoy tienen entre 32 y 33 años. «En ese momento teníamos 28 o 29 años. Ahora hay tres que ya están casados, otro está por casarse y uno de los chicos tiene una beba que está por cumplir cuatro meses», explica Pralong. Por este motivo, la convivencia ya no es total: los integrantes rotan de forma permanente, algunos se quedan a dormir tras sus jornadas laborales y otros pasan solo unas horas para compartir con el resto.

Una cábala que se convirtió en fenómeno viral

Lo que se inició como un punto de encuentro privado trascendió rápidamente las fronteras de la intimidad del grupo de amigos. Bajo el usuario @lacasadelmundial2026, el grupo comparte su día a día en las redes sociales, donde ya cosechan una comunidad de más de 203.000 seguidores que asisten a sus preparativos, cánticos y tensiones cotidianas. En la casa conviven hinchas de diversos clubes locales como Boca, River y Racing, pero durante los cuarenta días que dura el torneo, las diferencias locales se disuelven por completo bajo la camiseta celeste y blanca.

El camino hacia la final no estuvo exento de sufrimiento. Tras superar la fase de grupos, el grupo vivió con máxima tensión las instancias de eliminación directa, especialmente la semifinal frente a Inglaterra. Los jóvenes recuerdan que sufrieron prácticamente todas las series y que llegaron al partido con los ingleses con muchísimos nervios acumulados. A pesar de empezar perdiendo, valoraron la personalidad del equipo para dar vuelta una situación tan compleja en un partido con tanta carga simbólica para cualquier argentino.

La previa de la final y el adiós sin apuro

Para el partido decisivo contra España, la rutina de la casa se mantuvo intacta, priorizando el clásico asado como menú principal, aunque con una convocatoria ampliada que incluye a familiares, parejas y amigos que se sumaron desde temprano para disfrutar de la previa. Sin embargo, el grupo tomó una decisión logística diferente para el postpartido: acordaron con la propietaria de la vivienda extender el alquiler una semana más para poder despedir la experiencia con tranquilidad, sin importar el resultado deportivo.

“Pase lo que pase hoy, no queremos irnos mañana. Necesitamos despedir la casa con tiempo. En Qatar no lo hicimos y sentimos que nos quedó pendiente”

comenta Pralong. Mientras el asado se sirve en Villa Urquiza y las canciones de aliento resuenan de fondo, los 20 amigos aguardan el pitazo inicial con la ilusión de que su búnker vuelva a coronarse con la gloria máxima. «La Casa del Mundial vino para quedarse», sentencia por su parte Agustín Slupski, sintetizando el espíritu de un grupo que transformó la amistad en un ritual mundialista indispensable.

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