Complejo sojero: la Argentina perdió el liderazgo mundial en capacidad de molienda ante Brasil y EE.UU.
La industria aceitera argentina enfrenta un histórico punto de inflexión. Tras haberse consolidado hacia 2011 como el máximo exportador global con el mayor procesamiento de poroto de soja, el país cedió su liderazgo internacional frente al avance de Estados Unidos y Brasil. Este desplazamiento marca un cambio de paradigma en el comercio global de oleaginosas, impulsado por una reconfiguración de la demanda energética y factores estructurales internos.
El impacto de los biocombustibles en el mapa global
El principal motor de esta transformación es la creciente demanda de aceite de soja para la producción de biocombustibles en el mundo. Países del hemisferio norte y socios regionales implementaron fuertes políticas de estímulo para el desarrollo de energías renovables de origen agrícola, lo que disparó la necesidad de procesar el poroto de soja dentro de sus propias fronteras. Esta dinámica alteró el flujo tradicional del comercio, donde la Argentina abastecía de harina y aceite a los mercados globales, promoviendo en su lugar la expansión de megaplantas de molienda en territorio estadounidense y brasileño.
Los factores detrás del retroceso local
El retroceso de la industria local responde a una acumulación de desafíos macroeconómicos y regulatorios que limitaron la competitividad del sector. La falta de incentivos estables para la inversión a largo plazo y las recurrentes crisis climáticas que afectaron el volumen de las cosechas locales debilitaron la capacidad de originación de mercadería para las terminales portuarias, concentradas principalmente en el Gran Rosario.
En contrapartida, Brasil consolidó un crecimiento sostenido de su producción agrícola, garantizando un flujo constante de materia prima para sus plantas procesadoras. De esta manera, el entramado industrial argentino no solo enfrenta la competencia de destinos con esquemas tributarios más previsibles, sino que también debe convivir con una elevada capacidad ociosa en sus fábricas debido a la menor disponibilidad de grano físico para moler en las campañas recientes.

