Mano de Dios: la cordobesa Lucrecia Vélez custodia la histórica pelota de Maradona que va a subasta
La cordobesa Lucrecia Vélez se convirtió en la única argentina en tener acceso directo a uno de los objetos más codiciados de la historia del deporte mundial: la pelota con la que Diego Maradona convirtió los dos legendarios goles a Inglaterra en el Mundial de México 1986. Desde su puesto en la prestigiosa casa de remates Heritage Auctions, en Dallas, Vélez forma parte del equipo que prepara la subasta de esta reliquia, que saldrá a la venta con una base de 2,5 millones de dólares.
Radicada en Estados Unidos desde hace siete años, la vida de esta profesora de inglés dio un vuelco cuando comenzó a trabajar en el departamento de Arte de la firma subastadora. Su tarea diaria consiste en recibir, fotografiar, catalogar y preparar la logística de valiosas obras y objetos históricos. Sin embargo, nada la preparó para el impacto de encontrarse cara a cara con el balón que definió el partido del 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca.
“Cuando me enteré de que estaba la pelota, como argentina sentía que tenía el derecho de sacarme una foto. Me preguntaron si sabía la historia y, obviamente, sabía toda la historia. Crecí viendo fútbol con mi papá”, recordó Vélez en diálogo con LA NACION.
De Córdoba a Texas: la historia de Lucrecia
La historia de Lucrecia Vélez es la de muchos argentinos que buscan abrirse camino en el exterior. Llegó a Estados Unidos a través de un programa de trabajo temporal en Colorado, donde conoció a su esposo, Brian. Tras un breve regreso a la Argentina y su posterior casamiento en Córdoba, la pareja decidió instalarse definitivamente en el estado de Texas. Al no poder ejercer inmediatamente como docente por cuestiones de certificación de su título, Lucrecia aplicó a un puesto en la sede central de Heritage Auctions, ingresando primero en operaciones y luego consolidándose en el área de Arte.
Los secretos de una pieza de museo
El balón, que se conserva ligeramente desinflado —tal como quedó al finalizar aquel mítico encuentro—, se encuentra protegido bajo estrictas medidas de seguridad. Está alojado dentro de una cápsula de vidrio sellada y nadie puede manipularlo sin la utilización de guantes especiales. La pieza llegó a la casa de subastas directamente desde las manos de su propietario original: el árbitro tunecino Ali Bin Nasser, quien dirigió el histórico partido de cuartos de final y conservó el esférico durante casi cuatro décadas.
La decisión del excolegiado de desprenderse del balón estuvo fuertemente influenciada por un hito comercial reciente: en 2022, la camiseta que Maradona vistió en el segundo tiempo de ese mismo partido se vendió por la impactante cifra de 9,2 millones de dólares. Este antecedente encendió las expectativas para la Subasta Premium de Deportes, que se llevará a cabo entre el 21 y el 23 de agosto.
El impacto de la «Mano de Dios» y el Gol del Siglo
El valor del objeto radica en los escasos cuatro minutos que cambiaron la historia de los mundiales. A los 51 minutos de aquel partido, Maradona firmó el 1-0 con la célebre «Mano de Dios», superando al arquero Peter Shilton en el salto. Poco después, a los 55 minutos, el astro argentino eludió a medio equipo inglés partiendo desde la mitad de la cancha para sellar el 2-1 definitivo con el denominado «Gol del Siglo».
Antes de que el martillo determine su nuevo dueño, la pelota realizará una gira de exhibición por distintas sedes de la compañía. Entre el 13 y el 19 de agosto, se presentará en el Fanatics Fest de Nueva York, permitiendo que coleccionistas y fanáticos se acerquen a contemplarla. Para los especialistas, la relevancia de la pieza trasciende lo meramente deportivo.
“Podría decirse que es el objeto futbolístico más importante que existe”, afirmó Mike Provenzale, especialista de Heritage Auctions.
Para Lucrecia, la experiencia de trabajar diariamente con objetos de valor millonario no opaca la mística de esta pieza en particular, que conecta de manera directa con su propia identidad y sus raíces familiares en Córdoba. “Hay objetos que tienen un valor económico, pero algunos tienen además una carga emocional que los hace únicos”, concluyó la argentina.

