Caso Adorni: la Justicia y la opinión pública ponen la lupa sobre el «pendrive mágico» y las deudas con jubiladas
La justificación del patrimonio del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, desató una tormenta política y judicial que lo obliga a revisar su relato público. Tras meses de escrutinio, el funcionario presentó una rectificación de su declaración jurada, admitiendo la tenencia de dinero no declarado previamente y la evasión fiscal durante dos décadas. Su nueva versión de los hechos, que incluye el hallazgo de un misterioso pendrive con documentación de inversiones en Bitcoin, es analizada con escepticismo por expertos contables y la opinión pública.
Las «huellas» del disimulo contable
La estrategia defensiva de Adorni, calificada como un trabajo de “orfebrería jurídica”, busca explicar una bonanza económica que, según él, precede su ingreso al Gobierno. Sin embargo, esta explicación ha erosionado su credibilidad, especialmente después de haber declarado públicamente que “no hubo ocultación alguna” en sus bienes. El funcionario ahora reconoce haber evadido impuestos por 20 años y construye un relato que, para muchos, rivaliza con la fantasía.
Uno de los puntos más controvertidos es la compra de una casa en el country de Indio Cua, escriturada el 15 de noviembre de 2024. Inicialmente, la propiedad fue registrada solo a nombre de su esposa, Bettina Angeletti. Adorni atribuye esto a un “error” y ahora ha incluido su 50% de este bien ganancial en la nueva versión de su declaración jurada 2024. Este “error” impidió que la compra fuera de conocimiento público, ya que los bienes de los cónyuges se presentan en sobres cerrados y secretos ante la Oficina Anticorrupción, salvo requerimiento judicial.
La situación se complejiza con los préstamos. En su declaración original, Adorni registró un préstamo de 50.000 dólares con Graciela Molina y Victoria Cancio, dos policías federales. Sin embargo, la investigación judicial reveló que Molina y Cancio habían prestado al matrimonio 100.000 dólares para la operación inmobiliaria, con una hipoteca sobre el departamento de Parque Chacabuco y un interés anual del 11%, según certificó la escribana Adriana Nechevenko. La inconsistencia de declarar solo la mitad de la deuda y no su parte de la propiedad genera interrogantes.
Además, la documentación rectificada muestra que a finales de 2024, 45 días después de firmar el préstamo con las policías, Adorni poseía 388.961,52 dólares en efectivo, supuestamente remanente de sus “ahorros en negro” por el éxito con Bitcoin. La pregunta que surge es por qué hipotecaría su casa con un interés tan alto teniendo a disposición una cantidad de dinero casi tres veces mayor. Expertos contables sugieren que anotar deudas puede ser una forma de regularizar dinero de origen no justificado.
Deudas sin interés y el «hombre bomba»
Otra propiedad bajo la lupa es el departamento de la calle Miró, en Caballito, adquirido este año. Para esta compra, Adorni obtuvo una hipoteca de 200.000 dólares de dos mujeres jubiladas, sin interés y por tiempo indefinido. El funcionario explicó que una de las prestamistas es la madre de un amigo, quien le “hizo el favor” para que pudiera mudarse con urgencia debido a problemas con vecinos en su anterior residencia.
El amigo, Pablo Feijoo, declaró ante la Justicia que, aunque el inmueble de Miró se escrituró en 230.000 dólares, se pactaron otros 65.000 dólares “por fuera de los papeles”. Adorni incluyó un préstamo por este monto en su declaración jurada de 2025, esta vez por el 100% y sin considerar la participación de su esposa.
El punto de quiebre en la estrategia de Adorni fue la declaración del constructor Matías Tabar. El 4 de mayo, Tabar informó a la Justicia que las obras en la casa de Indio Cua costaron 245.000 dólares, pagados en efectivo por el funcionario. Además, relató que Adorni lo había contactado para ofrecerle asistencia antes de su comparecencia. Esta revelación, que incluía el detalle de una cascada en la pileta, desarticuló la narrativa oficial y provocó la indignación en el Gobierno, llevando al propio Javier Milei a descalificar a Tabar públicamente como “un kirchnerista” de “prontuario dudoso”, aunque Adorni luego se desdijo en una entrevista.
El «pendrive mágico» y la credibilidad en juego
La justificación final de Adorni combinó el hallazgo de dinero del padre fallecido en 2002 y el éxito en inversiones de Bitcoin. Inicialmente, desde Casa Rosada se habló de una “billetera fría”, un dispositivo físico para criptomonedas. Sin embargo, en una entrevista televisiva, Adorni aclaró que lo que encontró fue la documentación respaldatoria de las operaciones cripto en un pendrive. Este “pendrive mágico” se sumó a la lista de elementos que generan sarcasmo en torno al caso.
“Listo, explicó todo y perfecto”, tuiteó Santiago Oría, director audiovisual del Gobierno, exigiendo disculpas a los periodistas.
A pesar del apoyo presidencial, la presión para que Adorni renuncie se intensificó. Figuras como Patricia Bullrich y sectores del PRO buscarían capitalizar la situación. La indignación trascendió el círculo libertario, con analistas financieros y consultores sugiriendo su salida.
La narrativa de Adorni también choca con grabaciones antiguas. En un video de 2020, describe su asombro al descubrir Bitcoin cuando cotizaba a 6.000 dólares, lo que situaría su inicio de operaciones no antes de octubre de 2017. Sin embargo, en una entrevista reciente, afirmó haber operado “fuerte” en BTC en 2014 y retirarse en 2018. Contradictoriamente, en conferencias de 2022, desaconsejaba la inversión en Bitcoin por su volatilidad y se declaraba “un tipo del dólar”.
La verosimilitud de haber atesorado 200.000 dólares en Bitcoin en 2014, cuando el activo era extremadamente inestable y solo un pequeño porcentaje de billeteras superaba los 10.000 dólares, es otro punto cuestionado. Según estadísticas del especialista Fernando Molina, el promedio global de tenencias en BTC en ese año era de 2.378 dólares. Esto coloca a Adorni entre los pioneros mundiales de las criptofinanzas, un hecho que, aunque no imposible, resulta altamente improbable y levanta sospechas.

