Portal Carambola: el acceso oculto para una inmersión íntima en los Esteros del Iberá
Los Esteros del Iberá, uno de los humedales más grandes y biodiversos de Argentina, revelan un acceso menos transitado pero profundamente auténtico: el Portal Carambola. A diferencia de puntos más conocidos como Colonia Carlos Pellegrini, Carambola, accesible desde Concepción del Yaguareté Corá, a 190 kilómetros de la capital provincial, propone una conexión más íntima con el entorno natural y la identidad cultural correntina.
La experiencia en Carambola se distingue por su ritmo pausado y la participación activa de los pobladores locales. Un ejemplo es el particular paseo en bote arrastrado por caballos que guía Mingo, un baqueano que se comunica en guaraní, ofreciendo un recorrido silencioso y de profunda conexión con el humedal.
Iberá: más que un estero, un humedal
La inmersión en Iberá comienza en Concepción del Yaguareté Corá, un pueblo que irradia la hospitalidad y la identidad correntina. Juan Ramón Moreira, guardaparques y guía local, recibe a los visitantes en el Centro de Interpretación del Iberá, donde enfatiza: “En Corrientes no les decimos turistas a la gente que viene a conocernos, les decimos visitas. Las visitas son benditas porque generan desarrollo local”.
Moreira explica la magnitud del área protegida: Iberá abarca 1.300.000 hectáreas de la provincia, con casi 600 mil constituyendo el parque provincial y 158 mil el parque nacional, gracias a tierras donadas por Tompkins Conservation y Rewilding Argentina. El parque alberga más de cuatro mil especies de flora y fauna, y es hogar de seis monumentos naturales, como el oso hormiguero, el aguará guazú y el ciervo de los pantanos. Un hito de conservación es la reintroducción del yaguareté, con unos 50 ejemplares en la provincia.
“Iberá no es un estero, es un humedal. Es estero, lago, río y laguna a la vez. Si lo llamo estero, lo minimizo”, aclara Juan Ramón Moreira, corrigiendo una idea habitual entre los visitantes.
Esta visión integral del paisaje como parte de la identidad local se repite constantemente: “Iberá es más que naturaleza, es identidad”, resume Moreira.
Gastronomía y hospitalidad correntina
La riqueza cultural de Corrientes se manifiesta también en su gastronomía. Nelson Zarza, uno de los cocineros del Iberá, organiza cenas típicas con productos y recetas regionales en escenarios únicos, como una capilla iluminada por velas. Allí, bajo la figura de Baltazar, uno de los reyes magos y santos populares más venerados, se degusta el clásico chipa so’o (masa de almidón de mandioca rellena de carne vacuna) y postres innovadores como panqueques de yerba mate con dulce de leche.
Estas cenas buscan acercar a los visitantes a las fiestas populares correntinas, caracterizadas por mesas largas y comida compartida. Nelson Zarza y Agustina Vera, de Rewilding, coinciden en que la hospitalidad es intrínseca a la identidad local. “Siempre te vamos a hacer un lugar en la mesa. Para nosotros, si llegás a casa a la hora de la comida, no es de mala educación, sino ‘llegar a buen tiempo’”, explican.
Recorridos únicos y vida silvestre
A 27 kilómetros de Concepción, el portal Carambola se abre tras un camino de ripio y tierra, donde es común avistar carpinchos, venados y aves. El recorrido en bote arrastrado por caballo, una práctica ancestral de los menchos (gauchos correntinos), se ha transformado en una experiencia turística, permitiendo a las familias locales generar ingresos y alejarse de la caza. Esta adaptación de costumbres históricas al turismo de naturaleza es un pilar del desarrollo local y la conservación.
Al finalizar el paseo en bote, se llega al refugio Lechuza Cuá, un rancho típico construido con paredes de pirí y techo de paja colorada. Natalia Mufato, bióloga y guía del parque, explica que el refugio es accesible por kayak, canoa tirada por caballos o la particular experiencia del nado a caballo, donde el jinete flota junto al animal mientras este nada por el humedal.
La siguiente parada es el Camping Carambolita, un espacio gratuito para una conexión total con la naturaleza. Allí, Natalia y la guardaparques Camila Vallejos ofrecen senderismo diurno y nocturno, navegación, astroturismo, kayak, safari fotográfico y observación de aves. Durante la estadía, la convivencia con la fauna es constante, con carpinchos descansando y zorros merodeando cerca de los visitantes.
El camping cuenta con un mirador que ofrece vistas panorámicas del parque y es ideal para observar ciervos del pantano y carpinchos, favoritos de los niños. El atardecer en el muelle de Carambolita, con el sol bajando sobre el agua, cierra la jornada antes de disfrutar de otra delicia local, el chipá guazú, en la posada Mbareté.
Carambola, con su combinación de naturaleza virgen, prácticas ancestrales adaptadas al turismo y la calidez de su gente, ofrece una forma distinta y profundamente auténtica de descubrir los Esteros del Iberá, promoviendo un turismo consciente y conectado con la esencia correntina.

