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Giro histórico de Los Pumas: la reunión secreta que «cambió el rumbo» del rugby argentino

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El histórico tercer puesto de Los Pumas en el Mundial de Francia 2007 no fue solo una gesta deportiva, sino el punto de inflexión que obligó al rugby argentino a tomar una decisión crucial sobre su futuro. Una reunión secreta, revelada en el libro ADN Puma. Gloria, caída y renacimiento del rugby argentino en la era profesional de Jorge Búsico, marcó el camino hacia la profesionalización y la inserción en la elite mundial.

La advertencia del entonces presidente de la IRB, Bernard Lapasset, fue categórica: «Si no se suben, ese subte no pasa más». Esta frase, dirigida a los dirigentes de la Unión Argentina de Rugby (UAR), puso a la entidad frente a un dilema que, de no resolverse, dejaría al seleccionado nacional fuera de las grandes ligas.

El impacto del bronce y la necesidad de cambio

El regreso de Los Pumas a la Argentina tras el Mundial de 2007 estuvo teñido de gloria y una popularidad sin precedentes. La hazaña en Francia capturó la atención de los medios y del público, eclipsando incluso a otras disciplinas. El entrenador Marcelo Loffreda fue contratado por Leicester Tigers, un hito para el rugby argentino de la época. Sin embargo, a nivel doméstico, la situación seguía estancada: el seleccionado jugaba apenas seis partidos al año y carecía de una competencia regular de trascendencia. La dirigencia de la UAR, arraigada en el amateurismo, se mostraba reticente a los cambios que el éxito internacional demandaba.

La esperanza llegó con la elección de Lapasset como presidente de la IRB el 19 de octubre de 2007. Amigo de dirigentes argentinos como Carlos Tozzi y con una visión renovadora para el rugby mundial, Lapasset se propuso redefinir el futuro del deporte y abrir nuevos mercados, incluyendo el caso argentino. Así, convocó a un Foro en Woking, Inglaterra, para establecer las bases del desarrollo del rugby durante los siguientes veinte años.

Woking: la encrucijada del rugby argentino

Entre el 27 y el 29 de noviembre de 2007, el hotel Holiday Inn de Woking, en el condado de Surrey, fue el escenario de este cónclave global. La delegación argentina estuvo compuesta por Alejandro Risler, Raúl Sanz, Hugo Porta y Carlos Tozzi. Lapasset también invitó a dos jugadores clave: Richie McCaw, capitán de los All Blacks, y Agustín Pichot, quien aún jugaba en Francia y sería una figura central en las negociaciones.

“Lo único que recuerdo de Woking es que llevé escrito un texto que me habían pedido sobre el espíritu del rugby y mis experiencias como jugador, pero cuando llegué me di cuenta de que eso era una reunión de negocios, que del juego ni se iba a hablar. Me acuerdo que el “Ruso” (Sanz) corría de un salón a otro como loco y también que la primera noche fuimos a cenar todos con Agustín a un restaurante que quedaba ahí cerca”.

La propuesta inicial de la UAR era integrar a Los Pumas en una competencia europea, como el Seis Naciones, dada la gran cantidad de jugadores argentinos en clubes del Viejo Continente. Sin embargo, esta opción fue rápidamente descartada por la UAR debido a que el negocio europeo estaba cerrado y, fundamentalmente, por la ubicación geográfica de Argentina en el hemisferio sur. Fue entonces cuando se abrió la puerta del entonces Tres Naciones (hoy Rugby Championship), aunque los contratos televisivos ya estaban cerrados hasta 2012.

Al finalizar el Foro, Lapasset anunció que Argentina adecuaría sus estructuras para jugar el campeonato con Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda en un plazo de cuatro años.

La nueva UAR y el ultimátum de París

Mientras se desarrollaba el Foro de Woking, la dirigencia argentina vivía su propia transición. A fines de 2007, Porfirio Carreras, un abogado y activo representante del club Alumni con una fuerte defensa del amateurismo, asumió la presidencia de la UAR. Lo acompañaron Ricardo “Richichi” García Fernández (CUBA) en alta competencia y selecciones, y Edgardo “Chani” García (Olivos) como secretario. A pesar de su perfil, esta nueva conducción sería la encargada de dar un giro de 360 grados a la historia de la UAR.

Diez días después de asumir, Carreras recibió el llamado de Lapasset, quien los convocó a sus oficinas en París. Allí, en marzo de 2008, se produjo la reunión clave.

“Hablamos de todo un poco hasta que Bernard nos dijo: ‘¿Qué van a hacer?’ Intentamos hacer un desarrollo, pero nos paró de nuevo en seco: ‘Miren, por acá abajo pasa un subte. Hagan de cuenta que cuando se vayan de aquí, el subte llega y abre la puerta. Tienen unos segundos para definir si se suben o no. Si se suben, yo los voy a ayudar y ya tengo, para empezar, una partida de 750 mil libras esterlinas para este mismo año. Pero si no se suben, ese subte no pasa más. Fue el último’”.

Carreras, un defensor del amateurismo, se convenció de la necesidad de subirse a ese “subte” y asumir la responsabilidad que el éxito de Los Pumas había generado. La UAR aceptó, pero con una condición: no un campeonato profesional que pudiera dañar la fortaleza de los clubes amateurs. Lapasset lo entendió, aunque no lo aceptó del todo. A su regreso a Argentina, Carreras convocó a Agustín Pichot, quien se convertiría en una figura indispensable para abrir las puertas del rugby profesional.

El Plan Estratégico y la era Phelan

La nueva UAR se abocó a dos tareas fundamentales: la búsqueda de un nuevo entrenador para Los Pumas, tras la partida de Loffreda, y la elaboración del Plan Estratégico solicitado por la IRB. Aunque se creyó que Pichot impulsó a Santiago Phelan, la decisión fue de Carreras y García Fernández. Phelan, ex Puma y amigo de Pichot, fue anunciado el 13 de marzo de 2008 como el primer entrenador full-time en la historia del seleccionado. Su desafío era enorme, con poca experiencia y la responsabilidad de liderar un equipo que había hecho historia y que ahora debía enfrentar una renovación generacional.

En paralelo, la dirigencia de la UAR, junto a Pichot y el especialista irlandés Morgan Buckley de la IRB, se encerraron en el Hotel California de París para diagramar el Plan Estratégico. De allí nació el famoso Plan de Alto Rendimiento (Pladar), que incluyó la creación de Centros Nacionales de Alto Rendimiento en Tucumán, Córdoba, Rosario, Mendoza y Buenos Aires. Este esquema, ya esbozado en épocas anteriores, se profesionalizó y adaptó a la nueva realidad. Pichot, inspirándose en modelos de la NFL, contribuyó a delinear un plan que la IRB esperaba.

Con la culminación del concurso preventivo y el acuerdo con la firma Sportfive, que le otorgó soberanía económica a la UAR, y la renegociación de contratos con sponsors, la entidad comenzó a engrosar sus ingresos. El camino hacia la profesionalización y la inserción en la elite del rugby mundial, marcado por aquella reunión en Woking y el ultimátum de París, estaba definitivamente en marcha.

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