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El Indio Solari: de la ausencia física al mito que moviliza multitudes

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En el corazón del conurbano profundo, la figura de Carlos “Indio” Solari, aún en su ausencia física y simbólica, se erige como un mito viviente capaz de convocar a millones. El secretario de Redacción de un medio nacional, Miguel Wiñazki, reflexiona sobre este fenómeno al observar la inmensa congregación que rodeó el féretro cerrado del ícono del rock nacional, interpretándolo como una manifestación de la necesidad colectiva de mitos protectores en la sociedad argentina.

La escena, que combinó la presencia de televidentes y multitudes en el centro de la escena, lejos de ser un luto silencioso, se transformó en una “fiesta de la muerte”. Wiñazki destaca la profunda resonancia de estas manifestaciones masivas, que llevan a miles a peregrinar hacia un predio con el nombre de José María Gatica, el emblemático boxeador. Kilómetros de travesía, bajo la lluvia, de noche y de día, con el único objetivo de presenciar un cajón cerrado, mientras los cánticos de “a brillar mi amor” se mezclan con lágrimas y un mareo colectivo en la historia viva de los mitos.

Duelo festivo: luto y pogo en la despedida ricotera

El análisis de Wiñazki subraya cómo el duelo por Solari se diferencia de otras marchas masivas que marcaron la historia reciente argentina. A diferencia de la marcha por Alberto Nisman, caracterizada por su silencio y solemnidad; o las marchas circulares de las Madres de Plaza de Mayo; o incluso las airadas congregaciones tras el asesinato del hijo del ingeniero Juan Carlos Blumberg, la despedida al Indio Solari fue un frenético recital.

La comparación se extiende a otros eventos multitudinarios, como la planificada y televisada despedida de Néstor Kirchner o el caótico y desbordante funeral de Diego Maradona, que derivó en la invasión a la Casa Rosada. En contraste, la despedida de Solari no tuvo minutos de silencio. Fue un estallido de gritos, bailes, saltos y cánticos, un “luto y pogo” que transformó el rito funerario en una explosión de energía y delirio, con el “Ji, Ji, Ji” resonando entre empujones.

El ritual funerario de la “Argentina redonda”

Para Wiñazki, este evento representa “el pasaje final del hombre al mito”, un ritual que la “miopía política no logra ver”. La marea ilimitada de deudos, fuerte por su demolición cuantitativa, trasciende las usurpaciones partidarias y revela una “Argentina redonda” que se manifiesta en mil y una noches de dolor, furia, decadencia y grandeza. La marcha final se convierte en una adoración al mito, donde los dolientes y festivos se fusionan en una expresión de energía pura y locura.

El fenómeno Solari, incluso en su ausencia, demuestra la persistencia de figuras que, como mitos, continúan movilizando y cohesionando a grandes sectores de la sociedad, más allá de las fronteras convencionales de la política y la cultura.

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