Mundial: Simeone y Paz, las primeras duplas padre-hijo en jugar para Argentina
La próxima Copa del Mundo será escenario de un hecho inédito para la Selección Argentina: por primera vez, dos parejas de padre e hijo representarán al país en el máximo certamen futbolístico. Se trata de Diego Simeone y su hijo Giuliano, y Pablo Paz y su hijo Nicolás, quienes se sumarán a un selecto grupo de 27 familias a nivel mundial que compartieron la experiencia mundialista.
Este logro reviste una particular emoción para las familias. “Es gracioso, pero le dije a Nico: ¡gracias por meterme en la historia!”, bromeó Pablo Paz desde Italia, antes de viajar a Estados Unidos para acompañar a su hijo. El exdefensor de Banfield expresó su orgullo por ver a Nicolás alcanzar sus sueños, destacando su sentido de pertenencia a pesar de haber nacido en Tenerife y no haberse formado en clubes argentinos.
Diego Simeone, por su parte, compartió su visión sobre el legado que busca transmitir: “Como papá no sueño solo con ver a mi hijo en un Mundial; sueño con verlo defender a Argentina con los valores que intentamos enseñarle toda la vida: trabajo, humildad, respeto y amor por el equipo y por lo que somos como país. Ese es el verdadero legado para los que vienen”.
Un club exclusivo: los lazos familiares en la Selección
La Argentina, a pesar de su rica historia futbolística, no contaba hasta ahora con duplas padre-hijo que hubieran llegado a un Mundial. Familias como los Vicente De la Mata, los Solari, los Galletti, los Perotti, los Verón y los Mac Allister tuvieron a sus miembros en la Selección, pero no en la misma competición mundialista. Carlos Javier Mac Allister, por ejemplo, jugó los repechajes para el Mundial ’94, pero no fue convocado para el torneo final.
El club de padres e hijos mundialistas incluye nombres ilustres como Lilian y Marcus Thuram (Francia), Cesare y Paolo Maldini (Italia), Pablo y Diego Forlán (Uruguay), Miguel Ángel y Xabi Alonso (España), y Peter y Kasper Schmeichel (Dinamarca). Ahora, los Simeone y los Paz se unirán a esta lista, que también verá nuevas incorporaciones en el próximo Mundial, como los Zidane (Zizou y Luca para Argelia), los Kluivert (Patrick y Justin para Países Bajos) y los Haaland (Alf-Inge y Erling para Noruega), entre otros.
La trayectoria de los herederos: Nico Paz y Giuliano Simeone
Nicolás Paz, nacido en Santa Cruz de Tenerife en 2004, representa un caso particular. No jugó en ningún club argentino ni se formó en inferiores del país, pero su deseo de vestir la camiseta albiceleste fue inquebrantable. “Siempre quiso jugar por Argentina, porque aunque nació en Tenerife, futbolísticamente es el típico jugador argentino, con esa picardía, ese potrero tan nuestros”, explicó Pablo Paz. Incluso, la obtención de su pasaporte argentino se gestionó ante el llamado de la Selección cuando tenía 16 años.
El debut de Nico con la mayor de Scaloni llegó en octubre de 2024 contra Bolivia, asistiendo a Lionel Messi. Acumula un gol (a Mauritania, de tiro libre) y ocho partidos con la Albiceleste.
Giuliano Simeone, nacido en Roma en 2002, también ha forjado su propio camino. Su padre, Diego, celebra su maduración: “No creo que Scaloni le regale nada, ¿no? Su debut con el ingreso en la cancha de Boca, el partido con Uruguay que fue de menos a más, el momento que no se va a olvidar en toda su vida contra Brasil…”. Giuliano, que debutó en noviembre de 2024 contra Perú, suma 12 partidos y dos goles, uno de ellos a Brasil y otro a Honduras.
Recuerdos de Francia ’98 y el legado familiar
Pablo Paz, de 53 años, y Diego Simeone, de 56, compartieron cancha en la Selección bajo la dirección técnica de Daniel Passarella, participando en las Eliminatorias, los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y el Mundial de Francia 1998. En ese Mundial, Simeone fue capitán y lució la camiseta número 8, mientras que Paz, con la 13, jugó un partido como parte de una formación alternativa.
Pablo Paz disputó 23 partidos y marcó un gol en la Selección, en Eliminatorias. Con una sonrisa, bromea sobre la competencia familiar: “Hasta acá, Nico y yo tenemos un gol en la selección, pero el mío fue por las eliminatorias, en un partido oficial, y el de Nico fue en un amistoso… por ahora le estoy ganando”.
Para Pablo, la enseñanza clave para su hijo es disfrutar cada instante: “A Nico le digo siempre que disfrute cada momento como si fuese el único, el último, porque nunca se sabe. A principios de 1999, cuando sonaba que iba a estar en el ciclo de Bielsa, me rompí la rodilla y prácticamente se acabó todo para mí. Por eso a Nico le digo que disfrute como si no hubiese mañana”.
La historia de estas dos familias, unida por la pasión del fútbol y el orgullo de representar a Argentina, se escribe ahora con un nuevo y emotivo capítulo en la Copa del Mundo.

